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LAS "CAÑAS" VALENCIA

LAS "CAÑAS" VALENCIA

El campamento de la droga resurge en las cañas de Valencia

17:05:47 - 01/03/2006Vocento VMT -Los camellos agujerean una acequia que fue sellada para que no se escondieran y ofrecen dosis a cambio de sexo

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Como si de un ave fénix de la miseria se tratara, el campamento de la droga resurge en el fango de la huerta valenciana. En una zona entre la capital, Paterna y Quart, los traficantes han levantado de nuevo una veintena de tiendas de campaña. Los camellos subsaharianos no dudan en cobrarse las dosis hasta con relaciones sexuales.

Sentados sobre el barro mientras sostienen en una mano su pipa para fumar cocaína base y en la otra un vaso de plástico con café con leche, proporcionado por una ONG. Figuras esqueléticas que andan renqueantes por los caminos en busca de sus diarias dosis de droga, muchas con abundantes vendajes por las sucesivas caídas. Personas demacradas y con escasos dientes en sus aún jóvenes bocas que caminan encorvadas, mirando al suelo, como en busca de algo o tal vez de nada. Este medio fue testigo de escenas como estas en un renacido campamento de la droga. Los traficantes subsaharianos han vuelto a hacerse fuertes en una zona de huerta entre Valencia, Paterna y Quart. Tierra de nadie.

Junto al lujo

A escasos centenares de metros de las lujosas fincas de Campanar, muy próximo al futuro y exótico Zoológico, cerca del plácido parque de Cabecera, el infierno de la droga amanece cada día junto al casco urbano de Valencia. Entre el número 64 del Camino del Cementerio de Campanar y la carretera de Benimàmet, los camellos han plantado unas 20 tiendas de campaña en las que ofrecen heroína, cocaína y hachís.

El letal campamento resurge sólo un año después de que 150 policías de Valencia y Mislata lanzaran "la mayor ofensiva" contra el tráfico de drogas en la zona, en palabras del alcalde del municipio de l’Horta. En 2003, dos palas excavadoras ya retiraron decenas de chabolas y tiendas de campaña y se taponó una acequia utilizada por los traficantes para refugiarse durante las redadas.

Ambas cosas son de nuevo una realidad años después. Los mercaderes de adicción han reventado con piedras la tubería y vuelven a usar la acequia como pozo en el que desaparecer ante la llegada de los agentes. "Más chutes no", reza una pintada en una pared situada junto al Camino del Cementerio. Pero el incesante reguero de personas que cada día se adentran en la huerta en busca de droga echan por tierra el anhelo.

Intermediarios de las dosis

La Mami es una de ellas. Así llaman los toxicómanos a Delfina, una mujer de raza negra. Su hija es médico y trabaja en Valencia, un destino muy distinto al de su madre. "Hoy La Mami va de mono", dice un drogadicto cuando ve aparecer a Delfina de vuelta del campamento de la droga, donde ella misma tiene una tienda.

Su apodo tiene un porqué. No es traficante pero, como otros en la zona de las cañas, La Mami facilita los estupefacientes a aquellos que no quieren acudir al corazón del campamento de la droga. Por miedo a enfrentarse a los camellos africanos o para pasar más desapercibidos, los drogadictos aguardan en los caminos hasta que la mujer vuelve con la droga. El trato es que una de las dosis es para ella.

"¡Me queda una de metadona!", grita un joven desde una bicicleta como si de un reclamo de mercadillo se tratara. Hasta sin dinero se accede al infierno. "Muchos traficantes se acuestan con las toxicómanas a cambio de papelinas. Una chica muy joven se quedó embarazada", asegura un habitual del lugar. "Aquí todo se vende y se compra. Droga, DNIs, joyas, perfumes...", añade otro.

Identificaciones policiales

Ni la presencia policial, constante a diario con varios coches patrulla, intimida ya a los camellos. Como reconoció la Policía Nacional en un documento incluido en la Memoria de la Fiscalía de 2002, acabar con el tráfico de drogas en la zona de las cañas es "casi imposible". Los agentes conocen prácticamente a todos los habituales del lugar. A la mayoría los llaman por su nombre o apodo y se interesan por su estado de salud. Cuando llega alguno nuevo, los policías lo identifican. Muchos de ellos acabarán buscados por pequeños hurtos o robos con los que sufragan sus dosis. Poco a poco, los agentes son testigos del deterioro físico y mental al que acaban abocados los recién llegados.

Tras colocarse, la siguiente parada es una cercana caravana de una ONG donde les ofrecen agua, café con leche o galletas. Muchos apenas comerán más durante el día. Algunos ex toxicómanos colaboran con la entidad y tratan de convencer a los drogadictos para que dejen su camino sin retorno. "¡Hasta mañana!", dice, sin embargo, una joven mientras se aleja de las cañas. Día tras día, la oscuridad inunda de nuevo el pozo más cruento de la droga en Valencia.

1 comentario

ester -

Es una lástima que haya gente sufriendop estas calimidades, en la propia ciudad de "VALENCIA", tanto que se dice que se está desarrollando esta ciudad, que la Rita es la mejor!!!una mierda!!!jajaja!!!que pasa que ahora cuando hubieron las elecciones se quitan de la carretera a los pobres yonkis y ya no hay problema no??se meten un poco más para dentro como no se ven ya no están, pues no os dejeis engañar que siguen ahi, y que para eso no hay dinero, para centros para ellos no, para la Copa América si???pues ale seguiremos con la farsa, venga a seguir construyendo y a seguir destruyendo nuestra huerta!!